Pages

14.2.16

Me estoy ahogando.


Me estoy ahogando.
Y mi casa está más vacía que nunca.

Una mañana me levanté
y, cuando me miré al espejo,
no me reconocí.

No era yo.
Me habían cambiado.
Como en el anuncio.

Tenía,
Tenía unas ojeras horribles,
y los ojos me brillaban
de las lágrimas
sin derramar.

Me estoy ahogando.
Y sé que nadie vendrá a salvarme
porque
hace tiempo que estoy muerta.

Mis dedos están llenos de sangre
por morderme las uñas,
y las manos me tiemblan
más que nunca.

Nunca tuve miedo de nadie que no fuera yo.

Pero
me estoy ahogando,
y hay una extraña en mi espejo
que no
se
va.


Y tengo miedo.

Su pelo está enredado,
y tiene más tatuajes de los que
solía tener.

He dejado de hablar en primera persona,
porque no me reconozco.

Me estoy ahogando,
algo me comprime el pecho,
y mi reflejo no respira
como
debería.
Le cuesta.
Me cuesta.

Y no hay nadie en casa.
Y me escuecen los ojos,
y la nariz,
pero no puedo dejar de llorar.

No hay nadie en casa.
Todos han huido,
y estoy perdida.

Nunca una casa tan pequeña me resultó tan grande.

Hasta que
comprendí,
que no era la casa,
ni el eco que había en ella,
no era el reflejo en el espejo,
ni la sangre de las uñas lo que me estaba
ahogando.
No era el mar de lágrimas de los
meses anteriores,
ni la montaña de pañuelos.

Me estaba ahogando,
y
era yo
la que me había
echado
las manos
al
cuello.



No hay comentarios:

Publicar un comentario